Tiene la cara perfectamente redonda, una estupenda piel color chocolate con leche y habla con una voz casi tan bonita como cuando canta. Su manager me pregunta afablemente si conozco la música de Lizz y deduzco que, en el año y pico que no he hecho entrevistas promocionales, se ha convertido en normal que se las carguen al primer listillo que se ponga a tiro. Lizz Wright visitó hace unos días Madrid y Murcia para actuar en respectivos festivales de jazz y me llama mucho la atención que no se me invite a ver su concierto como complemento imprescindible al reportaje. ¡Ay la difusión de la música que degradada está!
