Música, entrevista

06 dic 2011

Lizz Wright, la voz profunda del soul

Wright-tentaciones
 

Tiene la cara perfectamente redonda, una estupenda piel color chocolate con leche y habla con una voz casi tan bonita como cuando canta. Su manager me pregunta afablemente si conozco la música de Lizz y deduzco que, en el año y pico que no he hecho entrevistas promocionales, se ha convertido en normal que se las carguen al primer listillo que se ponga a tiro. Lizz Wright visitó hace unos días Madrid y Murcia para actuar en respectivos festivales de jazz y me llama mucho la atención que no se me invite a ver su concierto como complemento imprescindible al reportaje. ¡Ay la difusión de la música que degradada está!

Completamente atípica en un mundo musical lleno de necedad y vacuidad, Lizz se queda cortada cuando le digo que mantuvimos un phoner hace tres años. No sé cómo pretende acordarse, pero: “La próxima vez me acordaré” promete. Lizz nació en 1980 y creció en la época de Grace Jones, Madonna y Latoya Jackson ¿Cómo se explica que una niña de los 80 prefiera hacer música seria y solemne en vez de bailotear y menearse en plan sexy como Beyoncé, Rihana y Gaga? “Me gusta que digan que mi música es solemne y mística, pero mis presentaciones en directo son muy sensuales. Considero que la sensualidad es parte de la naturaleza humana y es muy importante expresarla”. Lizz sigue viviendo en su ciudad natal, Hahira, población de 2000 habitantes al sur de Georgia. En directo suele acompañarse por un batería, un guitarra, un pianista y un contrabajista. Tiene un registro grave como Gladys Knight  y Sarah Vaughn y su voz es tan bonita que cualquier aditamento sobra. Hasta los zapatos: “Me gusta estar cómoda en el escenario, me gusta llevar cosas sueltas y flotantes… Y, desde luego, canto siempre descalza…Si acaso puedo ponerme unas botas. Lo que no soportaría es tener los pies retorcidos dentro de unos zapatos de tacón”.

 

 Hija de un predicador, Lizz canta en el coro desde cría. Exactamente lo mismo que cuentan las biografías de tantas y tantas cantantes afroamericanas anteriores a ella. La diferencia es que, en los 90, una niña prodigio del canto coral tiene oportunidades inéditas en otras eras inaccesibles y puede  incluso conseguir una beca para estudiar canto en la universidad. Un tema sobre el que hay que entrar a saco: ¿Sirve la preparación técnica para que una cantante tenga más recursos creativos o sólo produce virtuosismo gratuito e inexpresivo?  ¿Podría hacer Lizz lo que hace si no hubiera recibido esa formación? La respuesta es implacable: “No”. Lizz recomienda a las cantantes jóvenes que no desprecien la formación. “Haber aprendido la técnica del canto lírico me permite completar las giras y estar más relajada. Me sabe muy mal cuando veo a esa chica, Adele, que canta siempre a tope de sus posibilidades…” Algo de razón tendrá si tenemos en cuenta que Adele ya ha tenido que sufrir una intervención quirúrgica.

  

Pero los gorgoritos y los trinos no han hecho mella en Lizz Wright más allá de facilitarle el control de su voz. Es una cantante claramente anclada en la tradición de la música popular afroamericana aunque difícil de encasillar en ninguna de las etiquetas usuales, cada vez más rígidas y estereotipadas. Lizz graba en un sello de jazz y ha visitado Madrid para actuar en el festival de jazz. No es, sin embargo, una cantante de jazz en sentido estricto. Su música tiene que ver con Bill Withers, Oscar Brown Jr.,  Donny Hathaway incluso Nina Simone y no tiene ninguna de las malas costumbres difundidas por Berclee: “El jazz me ha enseñado muchas cosas. He estudiado mucho el jazz”, explica. “Considero que provengo del jazz y me gusta mucho, pero la música que hago procede de diferentes géneros y no es lo que tradicionalmente se llama jazz”.  

 

Existe un término que parece se ha olvidado y que se pretende convertir en tabú que a Lizz, con su solemnidad mística y el realismo de sus letras, le cuadraría perfectamente y es el de soul. “¡Espero que mi música tenga alma! ¿Qué sería de mí si no consiguiese poner un poco de alma en mi música?” exclama la cantante, “Yo me considero más que nada una contadora de historias. Lo que hago en mis canciones es contar historias de la vida real”. Seguir en contacto con la vida real para conseguir nuevas historias que contar es la principal victoria de Lizz ahora que, después de cuatro álbumes -Salt, Dreaming Wide Awake, The Orchard y Fellowship y esta a punto de empezar con el quinto-. es una figura consagrada que se pasa la vida viajando y que duerme en hoteles de lujo: “No hago tantas giras como al principio de modo que puedo dedicar mucho tiempo a mi comunidad, a mi gente. Me gusta colaborar con ellos y me gusta dedicar tiempo a cocinar y preparar comidas para todos. Me gusta mucho cocinar y me gusta que la gente disfrute con lo que preparo. Recopilo recetas de los sitios que visito… Ahora estoy intentando familiarizarme con la cocina española. Ayer probé el pulpo que está buenísimo”. No puedo evitar informarle de que el pulpo es un animal inteligentísimo… “¿Ah, sí?” pregunta la cantante sin prestar atención. Sí, son muy amigables y son capaces de jugar contigo al escondite casi como un perrito o un niño pequeño…  “¿De verdad? ¡No me digas! No sé si me apetecerá volver a comer pulpo”…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay 2 Comentarios

Es todo un places escuchar a esta mujer. Yo me sigo quedando con su primer disco, Salt, y en directo me gusta más cuando más se aleja del jazz. Su versión del "Old Man" de Neil Young es verdaderamente increible. Escucha recomendada.

¡Qué voz! Comparada con la de cantantes mucho más mediáticos y superventas, una nunca deja de sorprenderse del valor del márqueting, que es capaz de vender millones de copias de artistas realmente mediocres. Y tampoco tenemos que irnos muy lejos para comprobarlo. http://unmundocultura.blogspot.com

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