Música, cine

23 nov 2011

Tócala otra vez, Strauss

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Un destacamento de la legión 501 acude al Auditorio Nacional en Madrid. Los mercenarios, conocidos como Vader´s Fist (el puño de Vader), son un grupo de fans/frikis que se disfrazan como soldados imperiales de La Guerra de las Galaxias. Se han puesto el uniforme para escuchar a la Orquesta Nacional (ONE) y muchos de ellos acuden por primera vez a una sala de conciertos de clásica; la ocasión lo requiere: el programa es un homenaje a John Williams, compositor de la reconocida, y reconocible, banda sonora de la película. “La música en el cine nace a principios del siglo XX. Antes el ambiente sonoro lo generaba o un tocadiscos o unos músicos tocando en vivo, improvisando según lo que veían en la pantalla. En ambos casos, el sonido era clásico”, explica Josep Pons, director de la OCNE.

Esa relación, entre música clásica y bandas sonoras, es mucho más fuerte de lo que parece. Eisenstein consideraba a su estrecho colaborador Prokofiev el más maravilloso compositor de música de cine; Kubrick utilizó oníricos y ampulosos fragmentos de Richard Strauss para subrayar las imágenes de 2001, una odisea en el espacio, y Música de acompañamiento para una escena cinematográfica, de Schoenberg, era una banda sonora que se quedó en una pieza. El Hollywood de los años veinte intentó que Stravinsky firmara el score de una película; Kubrik utilizó  para aportar fuerza estética a las imágenes de 2001 y Música de acompañamiento para una escena cinematográfica de Schoenberg era una banda sonora que se quedó en una pieza. Parece que ahora directores y orquestas sinfónicas quieren reivindicar este vínculo, solapado durante años. Han descubierto que la música del cine, y en algunos casos de los videojuegos, puede llenar los auditorios y de paso rejuvenecer al público asiduo a los recitales sinfónicos.

Si se escoge un programa cualquiera de un concierto de clásica, el grueso del repertorio, en torno a un 80% de las composiciones, pertenece al siglo XIX; el resto se lo reparten obras de principio del XX y algo del XVIII. Pocas veces se cuelan en la selección temas contemporáneos y menos de musicales y películas. Las excepciones van creciendo, véase si no el programa de la Orquesta de Filadelfia titulado De Broadway a Hollywood. En la gira anual de la Klassik Radio Pops Orchestra todas las canciones se escribieron en los últimos cien años. La banda de la potente radio de música clásica alemana llena salas y arranca ovaciones con su concierto Las Mejores bandas sonoras. “Con este tipo de iniciativas se amplía la audiencia; acercamos al público general una experiencia que parecía alejada de sus intereses”, dice Jason Michael Paul, presidente de JMP. Imagen del concierto de Zelda en LondresComo la orquesta alemana, su empresa ha organizado recitales sinfónicos pero con música de videojuegos, concretamente Final Fantasy y Zelda. En el caso del mítico juego de Nintendo, los conciertos conmemoraban el 25 aniversario del título, se programaron tres actuaciones, agotaron entradas y una de las representaciones corrió a cargo de la Filarmónica de Londres.

“Nunca imaginé dirigir a la filarmónica con la partitura de Zelda”, cuenta la directora Eimar Noone. “Es una música muy sinfónica con un lenguaje muy complejo y con continuas referencias a la música clásica”, continúa. Las composiciones para películas se crean para acompañar una escena. Así una interesante composición acaba cuando la imagen finaliza. Son excelentes fracciones cortas que no siempre tienen el esquema de una obra sinfónica. Y justo ese es el reto de los directores: componer una obra a partir de este material; desarrollar esos acordes en un medley, un popurrí con los temas que aparecen en el filme, o una suite.

La legión 501 en el Auditorio Nacional.Al sector más purista del público esto les parece un exceso. La gira de Star Wars in concert no suele recalar en auditorios clásicos, en cambio a Josep Pons no le tembló la batuta cuando el año pasado decidió dedicar un ciclo anual a la música de cine. “Las BSO educan el oído y pueden ser la base de una educación musical seria”, comenta. “John Williams es un gran compositor de pastiches; sus orígenes están en temas clásicos de Haydn o Prokofiev. Como sus composiciones son muy identificables, el público que se fascina con él puede sentirse atraído por la base de sus canciones y, de repente, verse sumergido en la música clásica”, agrega. Su propuesta funcionó: cambió por completo el perfil del visitante al auditorio y durante la temporada pasada lo llenó de adolescentes, familias, cinéfilos y jóvenes universitarios.

Dar ese paso es arriesgado. Pero al público más joven hay que conquistarlo. En general, los nuevos oyentes se sienten mejor reconociendo temas que conociendo nuevas propuestas. Disfrutan con la música de Casablanca, se fascinan con la de El Padrino pero no acudirían con la misma pasión a una representación en la Filarmónica de Berlín, quizás la mejor orquesta del mundo, a ver dirigir a Simon Rattle. El director inglés lo sabe por eso decidió recorrer el camino inverso y grabó, con su orquesta, el score de El Perfume.

 

Cuando se escucha una música asociada a una imagen, el acompañamiento sonoro de las escenas se queda subliminalmente conectado a la memoria del espectador. Así, los sonidos de cuerda de El resplandor, compuestos por Béla Bartók en 1936 y dirigido para la ocasión por Herbert von Karajan, atraen a la mente la cara de un descompuesto Jack Nicholson, hacha en mano. La imagen es tan potente que a veces es imposible desconectarla del sonido. “No toda la música de cine es válida para tocar en directo pero no podemos privarnos de la que funciona porque es espectacular”, concluye Pons. Una selección de excelentes composiciones puede contribuir a un positivo y productivo cambio en los asientos, y la taquilla, de los auditorios. Ya lo está haciendo.

Aquí la lista de Spotify con los temas mencionados.

Hay 1 Comentarios

Buen artículo. Es verdad, hay una tendencia general a menospreciar las bandas sonoras, cuando muchos de sus compositores tienen una grandísima preparación y su trabajo, a todas luces, puede considerarse como una obra maestra. http://unmundocultura.blogspot.com

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