música, entrevista

13 nov 2011

M83: “Deseaba ser ambicioso y publicar algo por lo que se me recordara”

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La mañana en que entrevistamos a Anthony González en una habitación de un hotel en pleno Eixample barcelonés, el galo andaba preocupado. Un día antes e había filtrado en la red su disco Hurry up, we’re dreaming. El álbum había sido concebido como una suerte de obra cumbre que iba a marcar un antes y un después en la carrera del de Antibes. Por eso, la noticia de que ese trabajo tan cinematográfico, tan lleno de referencias a los 80, tan elaborado, tan esperado, tan largo, corría por los teléfonos móviles y los ordenadores de medio mundo sin haberle dado tiempo al francés a comunicar las instrucciones de uso parecía atormentarle. Con la colaboración estelar de Zona Jesus y algunas de las mejores canciones que jamás ha escrito, Hurry up, we’re dreaming termina siendo un disco bastante más neutral de lo que su apariencia podría sugerir. No es aquella obra magna definitiva, pero tampoco es un soberano tostón, excesivo y manierista. Obviamente, no cambiará el mundo, pero a diferencia de Hitler, Milton Friedman o Bono, a él se le agradece el esfuerzo.

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¿Qué le pareció que su disco se filtrara en la red casi dos meses antes de su fecha de salida?

Cuando supe que el disco se había colado me puse enfermo. Sería muy inocente pensar que no se iba a filtrar, pero la verdad es que no esperaba que eso sucediera un mes y medio antes de la fecha de salida. Me sentí traicionado. No sé, pasas mucho tiempo trabajando en algo y luego sucede esto… Recuerdo cuando era un adolescente, ahí, contando las horas hasta la fecha de publicación de un álbum para poder ir a la tienda y comprarlo. Eso se ha perdido.

Disco doble que se debe escuchar del tirón, atento a la secuencia de temas e incluso a los segundos que median entre canción y canción… ¿Cree que aún tiene sentido dar instrucciones de escucha al público?

Pues no demasiado, supongo, aunque tampoco es mi intención. Eso sí, por muchas ediciones en vinilo que hagas, por mucho concepto que apliques, por toda la unidad que trates de darle a la grabación y por mucho que cuentes en todas las entrevistas que tu largo está pensado como un doble LP de toda la vida, hay elementos incontrolables, muy de esta época, que dan al traste con todas tus intenciones. ¿Qué se le va a hacer? Solo espero que quien se lo haya bajado, aunque sea en mala calidad, y quien lo escuche a pedazos, sin seguir el continuo que yo he propuesto, también lo disfrute.

¿No le daba miedo acometer un proyecto tan ambicioso y épico? Si fracasaba…

Quería algo épico, algo grande. Lo afronté con ilusión y sin miedo. Deseaba ser ambicioso y publicar algo por lo que se me recordara. Creo que ya tengo edad para aspirar a ese tipo de cosas. Cuando terminé la gira de Saturdays=Youth, lo único que quería era meterme en el estudio y fabricarme una gran aventura, algo grande que me acompañara toda la vida.

¿Algo más pequeño no hubiese servido?

Soy consciente de que editar hoy día un disco doble es algo peligroso. Tal vez esa noción nos viene de que, en este mundo de la música, cada vez le damos más importancia a la gente a quien no gusta demasiado la música. Parece que debemos escribir para ellos. A mí me encantan los elepés y creo que, para quienes la música es nuestra vida, los amamos.

¿Incluso los dobles?

Incluso los dobles.

Después de algo tan ambicioso, ¿qué?

Ni idea. Lo que me importa es lo que hago en cada momento. No pienso en el futuro. Entiendo que un largo como éste sitúa el listón muy alto y que en el futuro será complicado de mejorar, pero me gustan los retos.

Aparte del formato, ¿qué otros elementos cree que hacen de esta edición algo único en su carrera?

De hecho, creo que cada disco mío es realmente distinto. En esta ocasión, por ejemplo, quería alejarme un poco de la nostalgia, que es un aspecto que tal vez sí se ha repetido en algunas de mis referencias. También quería aprovechar todo el espacio que me dí para improvisar mucho. El disco está plagado de accidentes que no han sido corregidos. Mi intención era trabajar del mismo modo que aquellas bandas de los 80 que se encerraban en el estudio con un montón de tecnología nueva que no sabían hacer funcionar y se dedicaban a improvisar con ella.

Si la gente se lo pasa la mitad de bien escuchándolo que usted haciéndolo, esto será un éxito, ¿no?

Pues sí. Es la primera vez que he disfrutado de verdad haciendo música. En los últimos tiempos había perdido interés. Estaba cansado y no me veía capaz de trascender mis propias limitaciones. El disco es un regalo que me he hecho.

¿Por qué se mudó a Los Angeles? ¿Cómo ha influido la ciudad en su música?

Tenía que huir de mi zona de confort. Vivir en el sur de Francia rodeado de la familia y los amigos, a quienes gusta todo lo que haces y siempre te apoyan, aunque la cagues, estaba empezando a fastidiarme. Necesitaba ir por mi cuenta, sin ayuda de nadie. Por un lado, el disco refleja esto en tanto es un viaje, una aventura. Por otro, es un ejercicio de autoafirmación y de independencia: canto más que nunca y me he atrevido con el formato de canción pop. Sin duda, Los Angeles ha influido en el disco. Mientras grababa, me dediqué a coger el coche e irme al desierto, a la playa… Esos viajes me ayudaron mucho a pensar las canciones. He conocido gente maravillosa en Los Angeles, pero lo que más me gusta de ese lugar es que, para alguien como yo, que adora estar solo, es una ciudad perfecta.

¿Cómo definiría su forma de trabajar?

De ninguna manera. Soy un vago. Lo digo sin pudor. Me encanta hacer música, pero me gusta incluso más sentarme en el sofá de casa a ver un partido de fútbol. Supongo que hay muchos artistas que deben estar siempre creando. Yo no puedo hacer eso. No puedo pasarme 12 horas seguidas trabajando en el estudio. Le cojo manía a las canciones.

Todo eso del French Touch, del éxito de Air, Daft Punk y demás, ¿le favoreció?

Supongo. Formé parte del french touch porque soy francés y resulta que, cuando aparecí, había algunos artistas franceses que triunfaban. Pero nada más. No soy de París, no me gusta París. Pasé un año y medio allí y lo odié. No me gusta el clima, no me gusta la gente, no me gusta nada. Vivía en un apartamento diminuto sobre el que aún tengo pesadillas. En todo el tiempo que pasé allí no compuse nada.

¿Aún aspira a ser futbolista profesional?

La verdad es que hasta hace poco aún lo pensaba, pero recientemente abandoné la idea. Tengo 30 años. Algo tarde para debutar. Mi abuelo jugó el Mundial del 66 con la selección francesa y yo estuve en las categorías inferiores del Cannes, hasta que un día descubrí las drogas y todo se fue al garete. Lo primero que hice al llegar a Los Angeles fue buscarme gente con la que jugar. Estoy en un equipo con unos mexicanos y me lo paso genial.

¿Mejor que con la música?

¡Mucho mejor!

 

** M83 actuará el 9 y 10 de marzo en Barcelona y Madrid

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