Cine, Festival, crónica

19 nov 2011

Gran arranque del Festival de Gijón

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Primero, un poco de Pepe Colubi disparando con bala, después una breve presentación de ciclos y jurado. Y de ahí al lío: empezaba el Festival de Gijón (49 años ya a sus espaldas) con una de esas películas que no tienen medias tintas: o te seduce o te irrita.

El filme en cuestión, Take shelter, cuenta la historia de un operario normal y corriente con una vida más o menos ordenada: una mujer que le quiere, un buen trabajo y una niña preciosa con un handicap, su sordera. La pareja está pensando en alquilar una casa nueva, en operar a la niña, en vivir mejor en suma. Sin embargo un monstruo en forma de pesadilla recurrente se atrinchera en ese particular camino a la felicidad: él padre y marido se levanta cada noche envuelto en sudor después de soñar con una descomunal tormenta que amenaza con enterrar a su familia. Las pesadillas dejan paso a las alucinaciones y el afectado empieza a perder la cabeza e inevitablemente a sus amigos y a su familia. La solución que se le ocurre no parece ser la más adecuada pero el carácter del hombre (un tipo duro, callado, opaco) no permite demasiadas discusiones al respecto, así que éste empieza a construir un refugio contra esa gran tormenta que –según él- esta por llegar, gastándose lo que no tiene y actuando como un tronco a la deriva que va dándose topetazos con todo lo que se cruza. Un último detalle: la madre del antes tranquilísimo esposo es una señora que a sus 30 fue diagnosticada de esquizofrenia y que vive en una residencia.

 

Con todo ello, unas gotas de efectos especiales y un subsuelo narrativo en el que –si uno se empeña- se pueden leer infinidad de mensajes sobre el estado actual de las cosas, Jeff Nichols construye una película excepcional. Nichols parece hijo del storytelling más clásico y aunque es cierto que sus tentáculos tocan los palos de gente tan distinta como M.Night Shyamalan o Peter Weir, tampoco puede decirse que comparaciones con Gareth Edwards o JJ Abrams estén de más. El director ensambla en Take shelter dos películas distintas: una se desarrolla durante la primera hora e incide en los miedos más atávicos del espectador, hurgando en la psique del respetable a través del pánico y la ansiedad que producen ver a un tipo aparentemente normal irse a pique. La segunda, no menos importante, separa el filme de otros ejemplos de cine más o menos intimista y lo hace con un cambio de tono que ya no repara tanto en la terrorífica naturaleza de las pesadillas del protagonista (sea cual sea su origen) si no en el hecho de que éstas puedan convertirse en algo real. Para entendernos: si la primera parte fuera David Lynch la segunda sería Matt Reeves.

El gran mérito de Take shelter es, en primer lugar, la construcción de un infierno cotidiano que no necesita de diálogos si no que basa su fuerza en la –casi- inexistente interacción entre el matrimonio y el contraste de esta relación (afable pero gélida) con la que ambos mantienen con su hija, la auténtica catalizadora de la acción por su creciente presencia en las terribles pesadillas del padre. En segundo lugar, la vocación de croupier de Nichols, un hombre que domina todos los géneros y los cruza sin miedo: del terror, a la intriga psicológica, pasando por el drama o el fantástico. Por supuesto uno puede encontrar toneladas de metáfora (seguramente esa es la intención primigenia del filme) pero a primera vista se aprecia lo afilado de un guión que abusa poco del efectismo (aunque algo haya, especialmente en ese final algo forzado que parece más una concesión que una necesidad) y la grandísima capacidad del realizador para contar sin abusar del plano, más centrado en los detalles: el ligero balanceo de las hojas de los árboles, la luz en el cielo claro (casi más aterrador que la propia tormenta) o la presencia de esos seres anónimos que irrumpen en el sueño del protagonista.

Por supuesto, Take shelter no existiría sin el –pluscuamperfecto- trabajo de Michael Shannon, un hombre de manos grandes y planta de galán que desconcierta al espectador con un rostro pétreo, casi hermético, como si cabeza y cuerpo pertenecieran a personas distintas. Shannon ya lleva tiempo jugando en la primera división del cine más radical, ya sea a las ordenes de Werner Herzog o David Lynch o interpretando a ese agente de la ley (de su propia ley) que insiste en castigarse por los pecados del mundo en la serie de HBO Boardwalk empire. Hace poco se supo que el actor había sido escogido para interpretar al pérfido General Zod en la nueva entrega de Superman que dirigirá Zach Snyder lo que confirma el tirón de Shannon, intérprete hercúleo que no necesita de muchas palabras para meterse en la cabeza del público. En Take shelter, el actor resuelve a la perfección un personaje que pide contención pero demanda exceso, con algunas escenas simplemente memorables (su liberación –verbal- en el comedor comunitario; la conversación con su mujer en la que le confiesa sus pesadillas) y con la habilidad suficiente para buscar la complicidad del espectador y no su rechazo.

 

Nichols ya está rodando su siguiente película y no parece demasiado arriesgado vaticinarle un futuro prometedor en los territorios del séptimo arte. Con él arranca un Gijón con la misma energía de siempre: tiene casi 50 años pero no los aparenta, cuestión de actitud.

Hay 3 Comentarios

Estuvo muy bien montado ! la hemos pasado de maravillas.

http://nelygarcia.wordpress.com. Por lo expuesto se deduce que, el director nos muestra un hombre inseguro, con anhelos que a veces no se alcanzan y, el miedo y la angustia, se integra en lo profundo de su ser, hasta convertirse primero, en pesadillas y después en alucinaciones. Eso muestra el comportamiento, de un número importante de la sociedad, que imagina una vida con los valores equivocados, sin aceptarla tal como es: una mezcla de satisfacciones y sufrimientos. Si el miedo lo integrara y analizara, en vez de rechazarlo, hasta comprobar que no es tan importante, seguramente su vida no acabaría en drama.

Tiene muy buena pinta, tanto que iré a verla en cuanto se estrene. Ahora sólo hay que esperar que el Festival de Gijón se mantenga y no sucumba a la época del tijeretazo. http://unmundocultura.blogspot.com/

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