música, indie, japón

10 oct 2011

El 'indie' japonés que no conoces

Jessecortada 

Reino Unido, EEUU, Canadá, Suecia, Francia... Día tras día surgen y se popularizan dentro del indie grupos de Occidente por doquier, pero son contados los artistas asiáticos. El indie pop taiwanés de My Little Airport se ha llegado a distribuir por estas latitudes y periódicamente nos visitan formaciones como la Tokyo Ska Paradise Orchestra o Acid Mothers Temple. Sin embargo, teniendo en cuenta que Japón es el segundo país del mundo en ventas de música, ¿no es extraño que nos lleguen tan pocas referencias?

La industria discográfica japonesa, a pesar de estar también en horas bajas, lleva décadas siendo el ejemplo perfecto del consumismo más radical. Las cifras de ventas de discos son millonarias y al mainstream que llega desde Occidente hay que sumarle uno propio y exclusivo, como en cualquier país que se precie, pero de proporciones tan exageradas que cuesta asimilar. El denominado J-pop sigue copando las listas de ventas desde la década de los 80: más que un género en sí mismo, es la etiqueta que denomina al mainstream nipón, aquellos artistas capaces de generar fenómenos fans efervescentes, de consumo rápido y sobreexposición mediática. La máxima expresión de la mercadotecnia aplicada a la música. Desde boys bands a solistas femeninas que son capaces de alternar la canción melódica más acústica y empalagosa con la tendencia electrónica de turno (habitualmente chusquera), el hip hop, el rock más clásico... o juntarlo todo en un pastiche capaz irresistible para las masas, bajo la no tan sutil batuta de los grandes sellos discográficos del País del Sol Naciente.

En los 90 llegó a Occidente lo que podría considerarse el primer gran movimiento indie japonés, como fue el Shibuya-kei. Pizzicato Five se ganaron pronto el reconocimiento del underground norteamericano y europeo con esa mezcolanza desacomplejada de pop francés de los 60, bossanova y electrónica. Los componentes de la Yellow Magic Orchestra, pioneros a su vez del synthpop a escala mundial, fueron los padrinos de este movimiento tokiota y seminal del que saldrían varios artistas, relativamente "minoritarios" y comercialmente indies: muchos de ellos han estado casi siempre al amparo de multinacionales y han ocupando el apartado "indie" de las grandes tiendas de discos japonesas, como las filiales de HMV o Tower Records, que arriesgan menos en la selección de bandas que la sección "superventas" de un centro comercial de circunvalación. Los artistas verdaderamente independiente japoneses, los de singles en siete pulgadas y que no aspiran a ser la imagen del último modelo de cámara fotográfica, existen aunque no gozan de la aureola cool occidental ni son tomados como estandarte de la modernidad. Aunque bien podrían.

El máximo exponente en 2011 quizá sean los artistas del sello de Fukuoka Cuz Me Pain Records. Aunque el ambient pop instrumental de AAPS y el chillwave oriental de Faron Square fueron sus primeras referencias, quizá haya sido el misterioso NITES y su proyecto paralelo Jesse Ruins el que más expectación haya generado en los últimos meses. Poco se sabe del artista que hay detrás de ambas propuestas más allá de que reside en Tokio, que es uno de los tres fundadores del sello discográfico y, al igual que sus compañeros, practica el takuroku, es decir, lo graba todo en casa. Ni sintetizadores analógicos, ni workstations digitales: aquí las bibliotecas de sonidos y los samples se retuercen hasta crear una envoltura sónica irreal en la que uno deja de plantearse su artificiosidad y permanece expectante con cada tema rendido a sus encantos. No hay fórmula y las etiquetas se quedan cortas para composiciones electrónicas que van más allá de las de los suecos The Tough Alliance o Air France, referentes en la indescriptibilidad el pop electrónico de vanguardia que ha inspirado a las últimas tendencias. Entre tanta formación etérea, Jesse Ruins destaca con tan sólo tres temas publicados, por aportar un toque más tangible: electrónica shogazer o dream pop electrónico, a gusto del etiquetador. El más representativo es el explícito Dream Analysis. La salida de su primer 7" en Europa será inminente y de la mano del británico Double Denim Records, mientras que sellos estadounidenses como True Panther y Mexican Summer preparan lanzamientos de cara a 2012.

El otro gran referente del indie japones de 2011 está siendo la discográfica de Kyoto Second Royal Records. A diferencia de Cuz Me Pain, en la que predominan los proyectos unipersonales, en Second Royal abundan formaciones más numerosas, como el indie pop de Turntable Films o el lo-fi shogazer del grupo de Osaka Friends. La revelación del año pasado fue el grupo de Kyoto Hotel Mexico y su mini-álbum His Jewelled Letter Box (Spotify), que han sabido hacer de la dispersión estilística su sello de identidad. It's Twinkle, uno de sus primeros temas que ha llegado a editarse en vinilo, es una buena muestra:

Incluso hay sellos todavía más pequeños como Too Young Records, más marcadamente pop y equidistante del mainstream. En sus últimos recopilatorios de verano y otoño aparecen buenos ejemplos como NUBACK o Memory Girls.  Y no deja de ser curioso el caso de AWDR/LR2, otra discográfica joven con sede en el centro de Tokio capaz de publicar el dubstep de Caspa, el reciente recopilatorio de los suecos The Radio Dept. o un disco homenaje al grupo de folk japonés de los 70 Happy End (en el que han colaborado Maki Nomiya de Pizzicato Five y Cubismo Grafico, un clásico del indie japonés de la primera década del s.XXI). AWDR/LR2 es además plataforma de proyectos como el noise femenino de She Talks Silence o el Shibuya-kei de nueva generación de la multidisciplinar Shoko. When the sun will rise (Spotify) es quizá uno de los mejores discos de la última década dentro del género urbanita japonés por excelencia.

En las antípodas de la imagen extravagante y pueril con la que se tiende a asociar a Japón (aunque a veces se lo ganen a pulso), además de Ryuichi Sakamoto o Cornelius, la escena independiente está aportando  los sonidos más apasionantes que llegan desde el país de Haruki Murakami. Los miles de kilómetros que nos separan y la barrera idiomática pueden superarse tan solo con darle al play en cualquiera de sus Bandcamp, Soundcloud o Vimeo. Adquirir las ediciones limitadas en vinilo o CD ya es más complicado y verlos en directo es casi una quimera. El hype, como siempre, es opcional.

Hay 3 Comentarios

vos, España y la música de tu país, te la podes meter bien en el medio del orto.
Qué raro los putos españoles, agrandados.

No no!!! Es muy bueno!! Gracias por darnos a conocer estos grupos! Jesse Ruins es genial!

En España hay cosas mejores y no les hacéis ni puto caso. la mayoría de lo que escuchado no me parece nada del otro mundo.

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